sábado, 30 de enero de 2016

PENTATEUCO. VALOR LITERARIO.

 A lo largo del Pentateuco iremos encontrando obras maestras de la narrativa universal: serenos o dramáticos o patéticos relatos patriarcales, épica estilizada de la liberación, cuentos fantásticos; y entreverados, unos cuantos poemas. No debe engañarnos su aparente sencillez, tras la cual se ocultan muchas veces refinados recursos de estilo y siempre el sentido de la trascendencia vivida.

PENTATEUCO. VALOR HISTÓRICO.

Ante todo, los textos reflejan la mentalidad de la época en que fueron escritos: p. ej. durante la reforma de Josías, en el destierro o a la vuelta, a finales del siglo V. Lo malo es que la datación es con frecuencia muy dudosa y discutida, y depende no pocas veces de una comprensión determinada del texto. En cuanto a los hechos narrados, al faltarnos testimonios externos, es muy difícil juzgar por el mero texto. Es aventurado afirmar o negar la historicidad de un hecho determinado. Con los datos de la Biblia no podemos reconstruir con rigor lo que sucedió.

PENTATEUCO. TEORÍA DOCUMENTARIA.

Desde fines del siglo XIX se impuso la explicación sistemática de Wellhausen. Basándose en indicios covergentes: variedad de nombres divinos, duplicados, incoherencias, detalles formales, tendencias, logró separar y repartir el Pentateuco en cuatro fuentes o documentos que llamó Yavista (J), Elohísta (E), Deuteronomio (D), Sacerdotal (P); la siglas provienen de los nombres alemanes. Un redactor o varios sucesivos trenzaron los hilos y combinaron bloques para formar el Pentateuco actual.

El análisis de Wellhausen demostró su acierto a lo largo del tiempo; su hipótesis conserva validez, con notables correcciones y complementos. Correcciones:

 a) Se niega la existencia de (E) como documento autónomo y se atribuyen sus supuestos materiales a adiciones o suplementos. 

b) Por subdivisión en documentos menores, con otros nombres o siglas: p. ej. el P de base, el J1 y J2, el Laical (L), o Nomádico (N). Estos han tenido menos fortuna.

c) Remontándose en el tiempo: más que documentos, los cuatro propuestos son elaboraciones de tradiciones plurales más antiguas. 

d) Dando un paso más se aíslan bloques temáticos y se estudia su transmisión oral, hasta casi perder de vista los supuestos documentos.

e) O bien, supuesto un texto original, se rastrea el proceso de su adaptación y transformación hasta la forma última; se identifican los responsables de cada etapa de acuerdo con sus criterios. Así llega un momento en que el Yavista, para algunos investigadores, deja de existir, mientras que otros reducen seriamente su aportación.

En línea paralela trabajan los que estudian los componentes del Pentateuco como textos literarios. Aquí cabe distinguir: 

a) La actividad de clasificar por tipos, propia de la escuela de Gunkel;

b) El estudio del arte narrativo, en procedimientos recurrentes y en rasgos individuales; tendencia reciente en el campo bíblico. De la clasificación por tipos y subtipos se deducen consecuencias para la interpretación.

PENTATEUCO. CONTENIDO.

Así pues, abordamos la lectura canónica del Pentateuco. ¿Qué encontramos? Una obra fascinadora, amena, entretenida, reiterativa, aburrida, pesada... Un inmenso paisaje con cumbres narrativas y barrancos polvorientos, con sendas llanas y veredas escabrosas. Más que una obra, el Pentateuco parece una colección de piezas heterogéneas: registros de archivo, códigos legales, o litúrgicos, documentos jurídicos, poemas, relatos. Con todo, la narración es el elemento importante: desde la vocación de Abrahán hasta la muerte de Moisés fluye un relato serpenteante, accidentado y bien orientado. Toca al lector ajustar cada vez su enfoque para comprender y gustar cada sección sin perder la orientación general.

Basta leer con atención crítica para tropezar con cosas extrañas. Si de la lectura pasamos al estudio, las dificultades se multiplican. Una manera de salvar los obstáculos es subiendo a su origen. ¿Quién compuso esa obra? ¿Con qué materiales? ¿Con qué criterios? ¿Qué valor histórico tiene? ¿Qué valor literario? Con esas preguntas y otras semejantes entramos en la historia de la investigación sobre el Pentateuco. Tema muy importante, pero secundario por ahora para nosotros. Por eso me conformaré con breves indicaciones que se pueden ampliar en obras específicas llamadas de introducción especial.

PENTATEUCO. INTRODUCCIÓN.

Una tradición milenaria y la práctica de libreros y exegetas nos tienen acostumbrados a esta designación. Tranquilamente, consideramos el Pentateuco como un libro, sin advertir que el mismo nombre habla de cinco rollos o estuches donde guardarlos.

Pasa como con la Biblia, que, siendo un plural, lo tomamos como un singular. Cinco libros forman el Pentateuco: en nuestra terminología, basada en los nombres griegos, los llamamos: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. ¿Queda resuelta la cuestión?

Al contrario, surgen nuevas preguntas. La designación es antigua, es canónica, es decir, autoritativa, es tradicional, es práctica. Pero no vale absolutizarla. Para evitarlo la colocamos entre dos alternativas: Exateuco y Tetrateuco.

Si nos concentramos en el tema, en el gran arco de promesa y cumplimiento, el relato que comienza con Abrán -tras la breve prehistoria- no concluye hasta que Josué no ha repartido la tierra prometida a las doce tribus de Israel. Por el tema, hay que contar con seis libros añadiendo Josué a los cinco anteriores: ése sería el Exateuco.

Pero un análisis de temas y formas descubre que el Deuteronomio perteneció en rigor, como gran obertura, al cuerpo narrativo que va desde la entrada en la tierra (Moisés-Josué) hasta la salida al destierro; o sea Josué, Jueces, Samuel y Reyes. Al restituir su puesto original al Deuteronomio, el Pentateuco se reduce a Tetrateuco.

¿Con qué nos quedamos? Con una sana flexibilidad mental y distinción de etapas. En una época tardía, imposible de precisar, alguien con autoridad separó el Deuteronomio de su puesto original y lo unió a los libros precedentes. Es la versión canónica, que termina con la muerte de Moisés.

Cuando nosotros adoptamos este punto de lectura, contemplamos una historia truncada en su último capítulo: el cumplimiento de la antigua promesa queda en suspenso, de nuevo colgado de la palabra que prometió. Al mismo tiempo contemplamos a Moisés separado, exaltado sobre la montaña, señalando desde su puesto único a los sucesores el camino de la Tôrâ.

Y cuando nos aprestamos a leer el cuerpo narrativo de Josué a reyes, damos un paso atrás para tomar carrera leyendo el Deuteronomio, que nos suministra las claves principales para seguir leyendo.

PENTATEUCO. ÍNDICE.