domingo, 13 de marzo de 2016

ÉXODO. CAPÍTULO 32.

MOISÉS Y EL PUEBLO

El becerro de oro (1 Re 12,25-33; Sal 106,19-23)

321Viendo el pueblo que Moisés tardaba en bajar del monte, acudió en masa ante Aarón, y le dijo:
-Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros; pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado.
2Aarón les contestó:
-Quitadles los pendientes de oro a vuestras mujeres, hijos e hijas y traédmelos.
3Todo el pueblo se quitó los pendientes de oro y se los trajo a Aarón. 4Él los recibió, hizo trabajar el oro a cincel y fabricó un novillo de fundición. Después les dijo:
-Este es tu Dios, Israel, que te sacó de Egipto.
5Después, con reverencia, edificó un altar ante él y proclamó:
-Mañana es fiesta del Señor.
6Al día siguiente se levantaron, ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión, el pueblo se sentó a comer y beber y después se levantó a danzar.
7El Señor dijo a Moisés:
-Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. 8Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: "Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto".
9Y el Señor añadió a Moisés:
10-Veo que este pueblo es un pueblo testarudo. Por eso déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti sacaré un gran pueblo.
11Entonces Moisés aplacó al Señor, su Dios, diciendo:
-¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? 12 ¿Tendrán que decir los egipcios: "Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra"? Desiste del incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. 13Acuérdate de tus siervos Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: "Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia, para que la posea siempre".
14Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

Castigo

15Moisés se volvió y bajó del monte con las dos losas de la alianza en la mano. Las losas estaban escritas por ambos lados, por delante y por detrás; 16eran hechura de Dios y la escritura era escritura de Dios grabada en las losas.
17Al oír Josué el griterío del pueblo, dijo a Moisés:
-Se oyen gritos de guerra en el campamento.
18Contéstó él:
-No es grito de victoria, no es grito de derrota, que son catos lo que oigo.
19Al acercarse al campamento y ver el becerro y las danzas, Moisés, enfureció, tiró las losas y las rompió a pie del monte. 20Después agarró el becerro que habían hecho, lo quemó y lo trituró hasta hacerlo polvo, que echó en agua, haciéndoselo beber a los israelitas.
21Moisés dijo a Aarón:
-¿Que te ha hecho este pueblo para que le acarreases tan enorme pecado?
22Contestó Aarón:
-23No te irrites, señor. Sabes que este pueblo es perverso. Me dijeron: "Haznos un dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado". 24Yo les dije: "Quien tenga oro que se desprenda de él y me lo dé". Yo lo eché al fuego y salió este becerro.
25Moisés, viendo que el pueblo estaba desmandado por culpa de Aarón, que lo había expuesto al ataque enemigo, 26se plantó a la puerta del campamento y gritó:
-¡A mí los del Señor!
Y se le juntaron todos los levitas.
27Él les dijo:
-Esto dice el Señor de Israel: Ciña cada uno la espada al muslo, pasad y repasad el campamento de puerta a puerta matando, aunque sea al hermano, al compañero, al pariente.
28Los levitas cumplieron las órdenes de Moisés, y aquel día cayeron unos tres mil hombres del pueblo.
29Moisés les dijo:
-Hoy os habéis consagrado al Señor, a costa del hijo o del hermano, ganándoos hoy su bendición.

Intercesión

30Al día siguiente Moisés dijo al pueblo:
-Habéis cometido un pecado gravísimo; pero ahora subiré al Señor a ver si puedo expiar vuestro pecado.
31Volvió, pues, Moisés al Señor y le dijo:
-Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo haciéndose dioses de oro. 32Pero ahora, o perdonas su pecado o me borras de tu registro.
33El Señor respondió:
34-Al que haya pecado contra mí lo borraré del libro. Ahora ve y guía a tu pueblo al sitio que te dije: mi ángel irá delante de ti. Y cuando llegue el día de la cuenta, les pediré cuentas de su pecado.
35Y el Señor castigó al pueblo por venerar el becerro que había hecho Aarón.

Explicación.

32-34 Estos tres capítulos son de una gran densidad teológica, pero de cierta confusión narrativa. El autor final ha operado con materiales de diversa procedencia sin lograr una construcción coherente. Para facilitar la lectura de conjunto, podemos señalar tres líneas que se entrecruzan.

a) Pecado del pueblo, que quebranta la alianza, castigo consiguiente, perdón y renovación de la alianza. Moisés actúa como intercesor, como juez que sentencia y como mediador de la alianza renovada: 32,1-35; 34,1-4.10-28.

b) Anuncio sobre el camino próximo: Dios se aleja y da órdenes a Moisés; el mediador intercede: 32,34; 33,1-6.12-17; 34,9.

c) Relación de Moisés con Dios: tienda del encuentro y aparición radiante de Moisés: 33,7-11; 34,29-35. Intercesión en diálogo con Dios: 32,7-14. Súplica por el pueblo: 33,12-17 + 34,9; peticiones para sí: 33,18-23 + 34,6-7.

El desarrollo más coherente es el del tema a). Se podría ensayar un comentario temático; pero es mejor atenerse al orden escogido por el autor final.

32 El primer acto del pueblo, apenas sellada la alianza, es una rebelión grave contra dicha alianza. Apenas constituido como pueblo, en su mismo origen, el pueblo peca: es su pecado original. Es posible y muchos autores lo estiman probable, que el dato original pertenece al cisma de Jeroboán, el cual instituyó un culto en Betel (y Dan) a Yhwh en figura de toro; imitando costumbres cananeas. Es el "pecado original" del reino cismático, al que se refiere reiteradamente el libro de los Reyes (1 Re 22,33; 2 Re 2,3; 13,2 etc). Un autor tardío habría proyectado el pecado del cisma a los orígenes de Israel en el desierto. Por otra parte -así piensan algunos- la narración podría conservar el recuerdo de un pecado capital en el desierto, aunque la forma actual se relacione con el pecado del cisma de Jeroboán, incluso con una llamativa repetición verbal. Dan testimonio de la tradición Ez 20 y el Sal 106.

Dios no anula definitivamente la alianza: dos castigos ejemplares y dos intercesiones de Moisés permiten que la historia continúe. Dato es de enorme importancia teológica, como veremos. El orden del capítulo no es cronológico: pecado (1-6); intercesión (7-14); castigo (15-29); intercesión (30-35). La segunda intercesión aclara la primera y justifica el castigo.

32,1 Se trata de la cuarentena de 24,18, que el autor ha rellenado con el código cúltico. La ausencia del mediador y de su palabra equivalen a una ausencia intolerable del Dios salvador, ya que Dios se ha dirigido al pueblo por medio de Moisés, y el pueblo no tiene acceso directo a su Dios. Se dirige a Aarón, según el encargo de 24,14.

La frase con que solicitan su acción contiene, en la perspectiva del narrador, una ironía amarga: es imposible "hacer" dioses, los dioses son "hechura" de manos humanas, y aunque tienen pies, no pueden andar (Sal 115,7). El pueblo conduce a su Dios y sigue detrás: manipula a su dios y se engaña a sí, pensando recibir las direcciones que él mismo proyecta en la imagen. Con sentido polémico, atribuyen la salida de Egipto a Moisés, no a Dios; con lo cual cortan por arriba la mediación e intentan sustituirla con una operación simplemente humana.

32,2-3 La respuesta de Aarón subraya la materialidad del proceso: véase el reproche de Os 2,10. La generosidad del pueblo está viciada por su destino.

32,4 El autor no aclara si la imagen es toda de fundición o de madera con planchas de oro. Aarón proclama la historia salvadora ortodoxa: es Dios, su Dios, quien sacó al pueblo de Egipto. El pecado no es de idolatría o sincretismo, sino contra el precepto de no representar a Yhwh en imágenes.

32,6 La fiesta incluye, al parecer, una danza en honor del Señor (cfr. 2 Sm 6,14).

32,7 Con una audaz cambio de enfoque, el narrador nos traslada del valle a la montaña: del barullo de la danza a la soledad encumbrada de Moisés. Dios informa a Moisés de lo que está sucediendo allá abajo. Cambia sutilmente las fórmulas: "tu pueblo... el que tú sacaste...", como distanciándose de la elección y la liberación; al mismo tiempo que hace sentir a Moisés que es miembro de ese pueblo, al que está ligado por la salida de Egipto.

32,8 Es un agravante que hayan cometido el delito tan pronto, apenas nacido como pueblo de Dios, "Novillo" es quizá nombre despectivo aplicado al toro (cfr. Sal 106,19s).

32,9-10 Establecida la culpa, se pronuncia la sentencia: Dios propone a Moisés un nuevo plan para el futuro. Anulará la elección y aniquilará al pueblo, pues no hay esperanza de conversión auténtica. La ira que arde es castigo definitivo, arde hasta consumir. Pero la historia continuará recomenzando en Moisés la elección de Abrahán: "de ti sacaré un gran pueblo" (Gn 12,2). El plan se somete a la aprobación de Moisés: "déjame...", lo cual es darle poder histórico, enfrentarlo con una gran decisión. Rompiendo con su pueblo, Moisés será padre de un nuevo pueblo. Y ¿si rompe con su pueblo?, ¿puede Dios aniquilar también a Moisés? Moisés comprende que ese "déjame" es conferirle y revelarle un poder y es pedirle que no le deje...

32,11 Como Abrahán intercedía a favor de Lot, así ahora Moisés intercede a favor de su pueblo, y su intercesión desborda la alianza. Moisés retuerce las fórmulas: "tu pueblo..., el que tú sacaste..."

32,12 El primer argumento de Moisés es que está empeñada la fama del Señor y su compromiso con la tarea comenzada. La fama es el buen "nombre", que también los extranjeros  deben respetar (santificar). Al ver el desenlace de la "liberación", la aniquilación del pueblo fugitivo, los egipcios profanarán el nombre del dios de los hebreos, de Yhwh. Véase el análisis de Ez 36,20-23.

32,13 El segundo argumento es más fuerte: la liberación no ha comenzado en Egipto, sino con la salida de Abrahán; no se basa sólo en la alianza, sino en la promesa. Según esa promesa, Dios se ha comprometido a no romper la historia, sino a continuarla en la descendencia de Abrahán. Destruido el pueblo, queda Moisés como descendiente único -como un nuevo Noé-, continuador y nuevo comienzo. Pero si Moisés se solidariza con la suerte de su pueblo y Dios lo hace morir, la promesa y el juramento de Dios se frustran; cosa imposible. Moisés se solidariza con su pueblo, no acepta la excepción (más explícito en v.32) y así intercede eficazmente por el pueblo.

La mención explícita de los patriarcas atrae su figura al presente contexto. Así apreciamos que la alianza del Sinaí no se basta. Siendo bilateral, al ser quebrantada por una de las partes, se quiebra. Necesita un punto de apoyo, externo y más fundamental: es la promesa. La doctrina que desarrolla Pablo se encuentra aquí en germen. La promesa es unilateral y se basa en la misericordia generosa del Señor.

32,14 El resultado es que Dios perdona; Moisés no "le ha dejado". Esto lo llama el Sal 106,23 "plantarse en la brecha". La última palabra es "su pueblo".

32,15-20 En la composición actual del capítulo, perdón significa que no habrá destrucción total, no impunidad total. El pueblo necesita un grave escarmiento. El diálogo con Josué sucede a media altura, en un certero montaje narrativo: primero las voces indiferenciadas, después la bajada y la vista precisa.

32,20 Dt 9,21; Nm 5,11-31.

32,15-16 Es enfática en este puesto la atribución al Señor de todo: él fabrica las losas, escribe en ellas, las entrega. Como si dijéramos en nuestra terminología: "de su puño y letra". Moisés baja cargado con una huella lapidaria del Señor.

32,17-18 La ignorancia de Josué es recurso narrativo para subrayar la información directa de Moisés.

32,19 El gesto simboliza la ruptura de la alianza.

32,20 El becerro muestra su impotencia frente a la ira de Moisés: lo que fue hecho es deshecho. Y se convierte en bebida de maldición, que penetra en los cuerpos de los culpables, para denunciar su culpa y castigarla (una analogía en Nm 5,23-38). Véase una versión con variantes en Dt 9,15-21).

32,21-24 El interrogatorio de Aarón contrasta con la oración precedente de Moisés. El sacerdote culpable se desentiende del pueblo "perverso", le carga toda la culpa. Y da una versión falsa, se diría mágica, de la fabricación. Quizá contengan estos versos una polémica contra sacerdotes aarónidas.

32,25-29 Moisés hace ejecutar un castigo. El pueblo, al perder su auténtico apoyo religioso, queda expuesto al poder del enemigo: ha perdido su coherencia y unidad. La fidelidad y la rebeldía trazan la línea divisoria, no los vínculos de familia. Los levitas se desligan de esos vínculos para ejecutar la sentencia de Dios (cfr. Ez 9,5-6; Sal 149,9 "ejecutar la sentencia dictada es un honor para todos sus leales"), y así quedan consagrados.

32,27 Ez 9,5s.

32,29 Dt 33,9.

32,30-35 La nueva intercesión se presenta como expiación. En vez de una víctima, Moisés ofrece su solidaridad. Al ser borrado del registro, es entregado a la muerte (Sal 69,29). Pero la responsabilidad es personal (según la doctrina de Ez 18): el castigo queda diferido y pendiente. A Moisés le toca continuar la gran marcha hacia la tierra prometida: cuanta con la guía del "ángel del Señor" que actuó en el paso del Mar Rojo (Ez 14,19).

32,32 Eom 9,3.

32,34 Ex 23,20.

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